Ok. Sigue mi viaje. Sigo en Costa Rica, ya por la segunda mitad de la travesía. No hice mucho, pero entiendo que tergiversando un poco los hechos puede llegar a sonar a unas vacaciones prolongadas donde mi mayor preocupación es que se me acabe el repelente.
Pero vamos por partes.
A) Panamá.
Llegué a Panamá aprovechando una accesible promoción de una línea aérea. En realidad, llegué por poco, ya que hubo algo así como un pequeño incidente en inmigraciones. Panamá está muy bien, supongo, es algo así como Miami pero con mucha humedad y más pobres. Es más como si mezclaran Miami y el Barrio Oeste II. Mucho bling bling y todo lo demás. Y gente de todo el mundo. Una cosa que me llamó la atención es que hay demasiados argentinos. No chilenos, ni peruanos, ni colombianos; ni siquiera brasileros. Mucho argentino, casi siempre explicándole algo a alguien. No tanto porque tengamos algo importante qué decir, sino más bien porque a los argentinos nos encanta explicar. Explicar en general.
Fui a un hostel, digamos, hippie; siempre con la lonely planet bajo el brazo (la de panamá no la compré, la bajé de taringa). El barrio donde estuve -Casco Viejo, una especie de ciudad abandonada pero muy pintoresca, tanto que hasta la casa presidencial la llevaron ahí- me recordó a algunas calles de La Paz en Bolivia, aunque el contraste entre hoteles/bares chic y caseríos muy pobres es más acentuado.
Una de las noches traté de ir a un bar donde (según la lonely planet) pasaban música alternativa "del estilo de Nirvana". Jamás encontré el bar, pero comí un par de shawarmas muy buenos en un carrito mientras la gente paseaba en sus hummers. Ya de día caminé por la ciudad hasta que me cansé y me metí en algún tipo de zona comercial o shopping a ver si encontraba las ofertas irresistibles que esperaba ver cuando llegué, pero creo que centroamérica no es tan barato como uno se imaginaría.
Por supuesto fui al canal, del cual les puedo decir, mas o menos cronológicamente, que en su construcción murieron un montón de franceses, que tuvo por trasfondo el mayor escándalo de corrupción del siglo XIX y que fue el motivo por el cual Panamá se separa de Colombia.
B) Nicaragua y Honduras
En ambos países anduve por trabajo, realmente no tuve chance de conocer mucho, y los hoteles son iguales en todas partes. Sumado a eso, en el caso de Honduras la cosa no estaba para salir a pasear por el centro. De Nicaragua tengo el recuerdo más bien feo de perder las entradas que había sacado para ver Depeche Mode un par de días antes, aunque comí asado y tomé vino luego de muchísimo tiempo y eso estuvo muy bien.
C) Santa Teresa
Ya de vuelta en Costa Rica, fuí a la playa de Santa Teresa a pura fuerza de voluntad. El colectivo salía a las 6 am del sábado, y naturalmente llegué tarde a la terminal, aunque logré alcanzar al ómnibus luego de una secuencia cinematográfica de siga-a-ese-bus. Cuando me subí me di cuenta que iba a tener que ir parado las 6 horas que duraba el viaje: los que me conocen se imaginarán mi humor por ese entonces, recordando una vez más que era sábado. Y que eran las 6:15 am.
Por suerte, el viaje no era tan doloroso; al cabo de un par de horas llegamos al ferry, ya turístico de por sí, así que me bajó un poco la temperatura. Cuando volvímos al micro, para retomar una hora más de viaje, ya tenía otra disposición.
Santa Teresa es un lugar tremendo, y relativamente desconocido para el turista medio. Playas desiertas, arena blanca y agua transparente. Encima donde paré estaba todo bien, gente muy simpática de todas partes: encargada del hostel con impecable acento ingles, cheff de Nueva Zelanda, plomero australiano fan de cut-copy y the presets, canadiense parecido a biff tannen, minitas yanquis y ticos fumetas.
D) indie.co.cr
Fui el sábado a un recital, unas chicas que suenan a vivian girls y se llaman Las Robertas. En el bar -un lugar parecido al Ultra Bar de Bs As- mucha gente, todos con sus anteojos a-la-woody-allen, como bien corresponde a toda tribu de jóvenes independientes (e interdependientes) de la generación Juno.
Sin embargo lo realmente destacado fue el recital de Russian Red, del cual acabo de regresar hace apenas instantes. Una voz impecable que recuerda a la mejor Chan Marshall (quizá demasiado, podría decirse, pero mal año, es genial igual), una sala del tamaño del centro cultural Virla y un formato acústico relajado e intimista que funcionó de maravillas. Una muy grata y bienvenida sorpresa viniendo de una ciudad que no se caracteriza por su oferta de eventos. Y encima era gratis.
Los dejo con un extracto del recital de RR. Su hit cigarrettes, seguido de un cover de i'm looking through you, que vaya a saber cuánto duratá en youtube hasta que lo saquen por derechos de autor:
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Lo mejor de estos días:
- El miércoles pasado metí un gol de cabeza sobre el final del partido.
- El Ron
- Los comentarios tontos-pero-lindos de Russian Red durante su recital. Todos ellos la hicieron ver aún más impresionantemente fresca y hermosa.
- Ver a un grupo de gente de todo el mundo jugando al Marcianito, un juego de señas y gestos cuyo propósito es emborrachar a los jugadores, y que en su improvisada versión inglesa fue re-bautizado como "Little Alien".
- Volver a jugar juegos cuyo propósito es emborrachar a los jugadores. Creo que no hacía eso desde 1997; supongo que mi círculo de amistades siempre fue más bien espontánea con el tema de la bebida.
- Fumar en narguila es lo más, un dispositivo sumamente amiguero.
- La sopa instantánea de tomate con un poco de queso roquefort y perejil.
- El mar
- Mi relación con los frijoles, que fue creciendo de a poco
En cambio, necesita mejorar:
- La humedad en Panamá, que alguien haga algo para cambiar eso
- Tengo una sola hornalla en mi dpto, lo cual es un bajón; hacer una salsa y cocinar fideos al mismo tiempo es imposible
- Por cierto, me di cuenta que la falta total de visitas me convierte en una persona sumamente anti-higiénica. Platos sin lavar, la cama destendida, ropa tirada por todos lados.
- Los taxistas son una parte bastante agotadora de los viajes en plan turista (hablando de los viajes en plan turista en general, no de los viajes por centroamérica en particular). Es extenuante tener que estar todo el tiempo a la defensiva y tener que pedir precios 17 veces antes de subirme a uno.
- Hubiera sido lindo ir a ver a Depeche Mode
- Los snack-bars de los hoteles son crueles. Te ponen una heladera cargada de golosinas y bebidas irresistibles a precios desorbitantes que jamás podrás tocar. Sacar algo sin que se den cuenta es imposible, tienen todo inventariado con una precisión despreciable.
- No hay bidet











